La isla del dragón

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La isla del dragón
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La isla del dragón. Érase una vez una pequeña isla en medio del océano llamada «La isla del dragón». Esta isla era conocida por la leyenda de un dragón que vivía en la cima de una montaña en el centro de la isla. Muchos aventureros habían intentado encontrar al dragón, pero ninguno había regresado para contar la historia. Los habitantes de la isla vivían con miedo del dragón y rara vez se aventuraban más allá de sus pequeñas casas en la costa.

Un día, llegó un niño llamado Juan y su familia a la isla. Juan era un niño curioso y aventurero que no tenía miedo de explorar lugares desconocidos. Como era nuevo en la isla, no había oído hablar de la leyenda del dragón y no tenía miedo de acercarse a la montaña en el centro de la isla. Así que un día, Juan decidió aventurarse a la montaña para explorar.

Juan caminó durante horas, subiendo la montaña sin parar hasta que finalmente llegó a la cima. Allí, encontró al dragón durmiendo, con escamas verdes y brillantes, y enormes alas doradas. Juan se acercó al dragón lentamente, sin hacer ruido, y miró con asombro a la criatura. El dragón estaba dormido profundamente, y Juan quería tocarlo, pero tenía miedo de despertarlo.

De repente, Juan oyó un ruido detrás de él. Se dio la vuelta y vio a un grupo de hombres armados acercándose a él. Eran los habitantes de la isla, que habían visto a Juan subir la montaña y pensaron que iba a matar al dragón. Juan intentó explicarles que no tenía intenciones malvadas, pero los hombres no le creyeron y lo rodearon.

Sin saber qué hacer, Juan corrió hacia el dragón y se agarró fuertemente a su escama. El dragón, que había despertado, se levantó en un rápido movimiento y desplegó sus alas. El viento de sus alas fue tan fuerte que los hombres armados fueron lanzados por el aire y cayeron al suelo.

Juan y el dragón volaron sobre la isla, dejando atrás a los habitantes asombrados. Desde el aire, Juan vio la belleza de la isla, sus playas de arena blanca, sus mares cristalinos y su verde selva que cubría gran parte de la isla. Juan se sintió triste de pensar que la gente de la isla vivía con miedo del dragón y no había aprendido a apreciar su belleza y su maravilla.

Juan y el dragón volaron de vuelta a la cima de la montaña, donde el dragón le dijo a Juan que no tenía que tener miedo. «Soy un protector de esta isla», dijo el dragón. «Siempre he visto a la gente de la isla como mis hijos, y siempre he estado aquí para protegerlos».

Juan se dio cuenta de que el dragón no era un monstruo peligroso, sino un ser mágico amable y sabio que había estado allí durante siglos, cuidando de la isla y sus habitantes. El dragón le contó a Juan su historia, cómo había nacido en la isla hace muchos siglos, cuando aún no había humanos en la isla. Cómo había visto a los humanos llegar y cómo había decidido protegerlos.

Pero, con el tiempo, los humanos se habían vuelto temerosos y habían comenzado a temer al dragón. El dragón había intentado comunicarse con ellos, pero los humanos lo habían atacado. Por eso, el dragón había decidido retirarse a la cima de la montaña y quedarse allí en paz, esperando que el tiempo le devolviera el respeto y la veneración que merecía.

Fue entonces cuando Juan se decidió a hacer algo para ayudar al dragón. Juan se convirtió en un embajador entre el dragón y la gente de la isla. Habló con los habitantes, les explicó sobre la verdadera naturaleza del dragón y cómo era un protector de la isla y su gente. Los habitantes, que nunca habían visto el dragón como algo más que un monstruo peligroso, escucharon atentamente las palabras de Juan y finalmente comenzaron a ver al dragón de una manera diferente.

Poco a poco, la gente de la isla comenzó a ver al dragón como un amigo y protector, y no como un peligro. Incluso el líder de la aldea, el hombre que había dirigido al grupo para atacar al dragón, comenzó a cambiar su opinión sobre él.

Con el tiempo, la gente de la isla comenzó a celebrar al dragón, organizando fiestas en su honor y contando historias sobre sus hazañas pasadas. Juan y el dragón se convirtieron en los mejores amigos y pasaron muchas tardes juntos, hablando y explorando la isla.

La isla del dragón se convirtió en un lugar más feliz y pacífico gracias a Juan y el dragón. La gente aprendió a apreciar las maravillas de la isla y a respetar a todas las criaturas que vivían allí. Y el dragón, que siempre había estado allí para proteger a la isla y su gente, finalmente recibió la veneración y el respeto que merecía.

Y así, Juan y el dragón siguieron explorando y aprendiendo juntos, creando una amistad indestructible que duraría para siempre.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
La isla del dragón
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