La princesa y el castillo de la luna

Tiempo de lectura: 5 minutos

La princesa y el castillo de la luna
¿PREFIERES UN AUDIOCUENTO?

Si prefieres, puedes escuchar el cuento mientras haces otras tareas

La princesa y el castillo de la luna. Érase una vez en un reino mágico, una princesa llamada Luna, era la reina más temida y respetada de todos los alrededores, su reino era muy grande y poderoso, pero también muy solitario, ya que ella era la única que vivía allí.

Un día, la princesa Luna se aburrió de vivir en soledad y decidió construir un castillo en la luna para poder tener compañía y sentirse menos sola. Entonces, mandó a llamar a un grupo de expertos en la materia para que pudieran construir su castillo, que tendría una forma única, tal como ella quería.

Los expertos comenzaron a trabajar, y en poco tiempo, construyeron el castillo de la luna que la princesa Luna solicitó. La princesa estaba feliz y emocionada, pero pronto se dio cuenta de que su castillo estaba vacío, no tenía nada que lo hiciera sentir hogareño o agradable.

Así que, decidió colocar algunas decoraciones y móviles, para hacer que el castillo se sintiera como en casa. Pero, aún así, algo faltaba, faltaba vida, faltaban personas y amigos.

Decidió entonces invitar a todos los reinos vecinos a una gran fiesta de inauguración. Pero cuando llegó el día de la fiesta, la princesa Luna se dio cuenta de que había olvidado enviar las invitaciones, así que no había nadie en la fiesta.

Luna estaba triste porque había trabajado duro en su castillo, pero nadie había venido a su fiesta. Entonces, decidió que necesitaba hacer algo especial para que la gente quisiera venir y visitar su hogar.

La princesa Luna pensó y pensó, hasta que encontró una idea genial. Decidió que tenía que invitar a los niños, así que mandó a llamar a todos los niños de los pueblos vecinos y de los reinos cercanos.

Así, pronto, empezaron a llegar a su castillo, niños de todas las edades, con la promesa de jugar, reír y disfrutar de su tiempo en el castillo de la luna. La princesa Luna estaba feliz por ver tantos niños felices y se dio cuenta de que había encontrado su propósito, construir su castillo para traer felicidad a los demás.

Un día, los niños más pequeños, que eran muy curiosos, le preguntaron a la princesa Luna cómo había llegado a vivir en la luna. La princesa Luna les contó su historia, cómo había nacido en la tierra y cómo había querido un lugar especial para vivir y sentirse acompañada. Les dijo que su padre le había dado una idea, construir un castillo en la luna.

Los niños quedaron maravillados con la historia de la princesa Luna y le pidieron que les permitiera explorar la luna. La princesa Luna, emocionada, les concedió su deseo y les dio algunas normas y consejos antes de dejarlos ir.

Los niños exploraron y descubrieron cosas increíbles. Encontraron una pequeña cueva, donde estaba dormido un pequeño y tierno león bebé. Junto al cachorro, encontraron un mapa que les llevaría a otro lugar del castillo.

Entusiasmados, siguieron el camino que les marcaba el mapa. Con mucha precaución, con la ayuda de la princesa Luna, llegaron hasta el lugar que estaba marcado. Allí, encontraron un antiguo cofre, muy bien decorado, pero que estaba cerrado.

Los niños preguntaron a la princesa Luna cómo podían abrir el cofre y ésta les contestó que alguien debía hacer algo muy valiente para conseguir abrir el cofre y ver lo que había dentro.

Todo los niños, después de pensarlo, decidieron que la persona más valiente entre ellos era el pequeño Ricardo. Él se acerco a ver el cofre, teniendo mucho cuidado de no lastimarse, intento abrirlo con todas sus fuerzas. Pero no pudo, el cofre estaba cerrado fuertemente.

De repente, un sonido mágico se escuchó por todas partes, la princesa Luna se puso de pie y les mostró cómo abría el cofre. Adentro, había una sorpresa para todos los niños, estaba llena de piedras preciosas, y cada uno de ellos pudo escoger una joya para llevarse a casa.

La emoción de los niños fue incomparable, todos estaban felices con su joya. Pero más allá de eso, estaban agradecidos con la princesa Luna, que había hecho su día perfecto.

Desde ese día, la princesa Luna se convirtió en la amiga de los niños y siempre los invitaba a pasear, jugar y descubrir cosas nuevas en su castillo de la luna. Y los niños, a su vez, siempre estaban emocionados de ir a visitarla y descubrir todas las maravillas que habían en su reino.

La princesa Luna se dio cuenta de que su castillo no era la única cosa que había construido, sino que había construido una gran amistad con los niños y con todos aquellos que la visitaban. Y así, la princesa Luna, aunque seguía viviendo sola en su castillo, nunca más se sintió sola o aburrida, su castillo se había convertido en un hogar lleno de amor y alegría.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
La princesa y el castillo de la luna
¿Te ha gustado «La princesa y el castillo de la luna»?
¡Compártelo con tus amigos!
Facebook
Twitter
Pinterest
WhatsApp
Email
Imprimir