La princesa y el jardín de las hadas. Érase una vez, en un reino muy lejano, una hermosa princesa llamada Sofía. La princesa vivía en un gran castillo, rodeado por hermosos jardines, donde solía pasear todas las tardes.
Un día, mientras caminaba por los jardines, Sofía se encontró con un pequeño hada. La princesa estaba sorprendida, ya que nunca había visto un hada antes. El hada era muy pequeña, apenas unos centímetros de altura, tenía pelo dorado, piel brillante y unas alas transparentes.
La princesa se acercó al hada con cuidado, sin querer asustarla. El hada, al ver que la princesa se acercaba, le sonrió y le dijo:
– Hola, princesa. Mi nombre es Luna, soy el hada del jardín.
Sofía estaba emocionada al conocer a un hada por primera vez. Le preguntó a Luna si podía mostrarle más de su jardín. El hada aceptó con agrado. Juntas caminaron por todo el jardín, Sofía estaba fascinada con los árboles, las flores y las criaturas mágicas que parecían vivir allí.
Finalmente, llegaron a una parte del jardín que Sofía nunca había visto antes. Era un lugar mágico, lleno de árboles gigantes, flores de colores brillantes y un aura mágica que rodeaba todo el lugar. Había un pequeño lago en el centro del jardín, en el que nadaban pequeños peces de colores.
Sofía estaba asombrada y le preguntó a Luna:
-¿Qué lugar mágico es éste?
– Este es el jardín de las hadas. Sólo se puede ver si un hada te lo muestra. Aquí es donde vivimos todas las hadas y donde hacemos nuestros hechizos mágicos – Explicó Luna.
La princesa estaba asombrada con lo que veía. Nunca había visto algo tan hermoso en su vida.
– Es el lugar más hermoso que he visto en mi vida – dijo la princesa.
– Sólo unos pocos afortunados tienen la oportunidad de ver nuestro jardín. Pero como veo que eres una persona muy especial, te invito a que pases un tiempo con nosotras – dijo Luna.
Sofía estaba encantada con la idea y aceptó enseguida. Durante su estancia en el jardín de las hadas, aprendió acerca de los hechizos mágicos y las criaturas mágicas que habitaban en ese lugar.
La princesa se enamoró del jardín y decidió hacer todo lo posible para mantenerlo a salvo para siempre.
Cuando regresó al castillo, le contó a su padre sobre el jardín de las hadas y cómo lo había protegido. El rey estaba muy orgulloso de su hija y decidió visitar el jardín.
Al llegar al jardín, el rey estaba maravillado con la belleza del lugar. Se dio cuenta de lo importante que era preservar ese lugar mágico para siempre.
Decidió construir un parque público alrededor del jardín de las hadas, para que todos pudieran disfrutar de su belleza en el futuro.
Desde entonces, cada año la princesa Sofía visita el jardín de las hadas para asegurarse de que todo esté bien y para reunirse con sus amigas hadas.
Y así, el jardín de las hadas se convirtió en un lugar mágico y maravilloso que todos podían visitar y disfrutar para siempre, gracias a la princesa y su amor por un pequeño hada llamada Luna.