La princesa y el reino de las nubes. Érase una vez, en un reino muy lejano, había una princesa llamada Aurora. Vivía en un castillo grande y hermoso rodeado de un jardín con flores de todos los colores.
Aurora se divertía mucho jugando con sus amigos y disfrutando de los banquets que su padre, el rey, organizaba para celebrar acontecimientos importantes en el reino. Sin embargo, a ella siempre le gustaba más estar jugando al aire libre y soñar con conocer nuevos lugares.
Un día, mientras caminaba por el jardín, Aurora miró al cielo y vio un reino flotando en las nubes. Estaba compuesto por casas y edificios de todos los colores y parecía mágico e interesante.
Aurora sabía que debía investigar más sobre este lugar maravilloso que se encontraba entre las nubes. Por lo tanto, se dirigió al consejero del rey para hacerle la pregunta más importante de su vida: «¿Puedo llegar al reino que está flotando en las nubes?».
El consejero del rey, sorprendido por la pregunta, le respondió que aquel reino, en realidad, era un lugar mágico en el que solo se podía entrar de una manera muy especial: a través de un arco iris.
Aurora no se desanimó. Sabía que debía encontrar un arco iris para poder acceder a ese maravilloso lugar que tanto le llamaba la atención. Entonces, decidió emprender un viaje en busca del arco iris y se dispuso a recorrer el reino en su caballo blanco.
Preparó todo lo necesario para su viaje. Se puso su mejor vestido, guardó algunos dulces en su bolsa de silla, llevó un mapa y una brújula para no perderse y salió hacia el horizonte en busca de su sueño.
Durante el camino, encontró a muchos seres mágicos que le ofrecieron ayuda en su aventura. Sin embargo, ninguno de ellos conocía un arco iris para acceder al reino de las nubes.
Aurora no se rindió, continuó su andadura hasta que una noche se detuvo en un bosque encantado de luciérnagas. Mientras observaba el cielo nocturno, vio un arco iris que brillaba en la oscuridad. Sabía que estaba cerca de su destino.
Temprano por la mañana, Aurora siguió el arco iris que la llevó a una montaña sagrada. Allí se encontró con un anciano sabio que sostenía una vara mágica.
«¿Puedes ayudarme a encontrar el reino de las nubes?», le preguntó Aurora al anciano.
«Solo si puedes resolver este enigma», le respondió el sabio.
Aurora escuchó atentamente y logró resolver el enigma. El sabio, impresionado, le enseñó cómo usar la vara mágica que abriría el camino a través del arco iris.
Aurora tomó la vara mágica y, con mucha astucia y valentía, logró abrir el camino hacia las nubes. Una vez allí, se encontró con un mundo nuevo y sorprendente.
El reino de las nubes era un lugar mágico donde todo lo que Aurora pensaba y soñaba se hacía realidad. Podía experimentar cosas que nunca había imaginado, conocer a amigos nuevos y vivir nuevas aventuras.
Pero, a medida que pasaba el tiempo, Aurora se daba cuenta de que no quería quedarse en aquel lugar hermoso para siempre. Extrañaba a su familia, a sus amigos del castillo y a su hogar.
Entonces, decidió volver a su reino sabiendo que siempre podría recordar aquel viaje maravilloso que había ser realizado y que siempre podría volver a visitar el reino de las nubes.
Finalmente, Aurora regresó a casa y el rey estaba muy contento de ver a su hija sana y salva. En el banquete de bienvenida, Aurora contó las historias de su aventura a todos los que habían asistido.
Desde aquel día, la princesa Aurora se convirtió en una heroína para todos en el reino. Los niños y las niñas de su edad la veían como alguien a quien admirar y seguir.
Y así, Aurora volvió a su vida entre los muros del castillo, pero ahora tenía una perspectiva totalmente diferente de la vida y de las aventuras. Sabía que siempre habría un arco iris en su camino si decidía emprender una nueva aventura y que nunca podría dejar de soñar con llegar al reino de las nubes de nuevo.