La princesa y la casa de chocolate. Érase una vez una princesa llamada Ana que vivía en un reino lleno de magia y aventuras. Ana era una princesa muy valiente y curiosa que siempre estaba buscando nuevas aventuras para disfrutar junto a sus amigos.
Un día, mientras paseaba por el jardín del castillo, Ana descubrió una casa de chocolate. ¡Sí, has leído bien! Una casa de chocolate que parecía sacada de un cuento de hadas.
La princesa no podía creerlo, nunca había visto algo así. Se acercó un poco más para observarla con detenimiento y de repente, una pequeña puerta se abrió y apareció un duende diminuto con un gorro rojo en la cabeza.
– ¡Hola Ana! ¿Te gustaría visitar mi casa de chocolate?
Ana no podía creer lo que acababa de suceder. ¿Cómo podía un duende conocer su nombre? ¡Parecía tan amigable!
– ¡Por supuesto! -respondió Ana emocionada.
El pequeño duende la invitó a entrar dentro de la casa y al hacerlo, la princesa Ana se encontró con el lugar más delicioso que había visto en su vida. El suelo, las paredes, las mesas y las sillas eran todas de chocolate. Había chocolate con leche, chocolate negro, chocolate blanco y hasta chocolate con frutas del bosque.
– ¿Te gusta lo que ves? -dijo el pequeño duende.
– ¡Me encanta! -respondió Ana, todavía impresionada.
El duende le explicó que esa casa de chocolate mágica era su hogar y que él la construyó con sus propias manos con ayuda de los demás duendes.
– Pero hay algo que tienes que saber -dijo el duende con un tono algo preocupado-. Este castillo de chocolate mágico solo puede ser visitado por personas valientes y amables como tú. Si alguien malvado entra, la casa de chocolate se derrumbará y desaparecerá para siempre.
La princesa Ana asintió con la cabeza, prometiendo que mantendría el secreto y que sería cuidadosa de quién entraba en la casa.
Desde ese primer día, Ana visitaba la casa de chocolate con bastante frecuencia. A veces iba sola y a veces con sus amigos del reino. El duende siempre estaba allí para saludarlos y ofrecerles las deliciosas golosinas.
Pronto, la casa de chocolate se convirtió en el lugar de reunión favorito de todos los niños y niñas del reino. Nadie había visto nada igual en su vida, y todos adoraban el sabor tanto como la princesa Ana.
Un día, un extraño llamado Vladmir apareció en el reino. Era un hombre malvado que solo buscaba dinero y poder.
– ¿Qué es esta casa de chocolate? -preguntó Vladmir a un guardia del castillo.
– Es solo una leyenda, mi señor. Nadie sabe de qué habla.
Pero Vladmir no creyó en las palabras del guardia y comenzó a investigar sobre la casa de chocolate mágico, deseando descubrir lo que escondía realmente.
Finalmente, Vladmir logró encontrar la puerta y entrar dentro de la casa con unos amigos suyos. Pero, como el duende había predicho, la casa de chocolate mágica se derrumbó y desapareció para siempre.
La princesa Ana se desesperó y se sintió culpable de no haber cuidado mejor la casa de chocolate. Pero, el pequeño duende la tranquilizó diciendo que había sido el precio a pagar por esta gran aventura y que, a pesar de haber perdido su precioso hogar, nada podrá quitarle los recuerdos y las sonrisas que él les dio a todos ellos.
Y así fue. Los niños y niñas del reino nunca olvidarán la casa de chocolate mágico y siempre tendrán ese recuerdo en sus corazones. La princesa Ana aprendió una valiosa lección sobre la importancia de cuidar y proteger los tesoros que nos regala la vida, mientras que el pequeño duende seguía su camino, esperando un día para construir una nueva casa de chocolate mágico y compartirla con todos los seres valientes y amables del reino.
FIN.