La princesa y la magia del invierno. Érase una vez en un reino muy lejano, una princesa llamada Luna. Ella era una niña muy dulce y cariñosa con todos los del reino. Le gustaba jugar con los niños del pueblo y ayudar a los más necesitados.
Pero había algo que la princesa Luna anhelaba, algo que la llevaba a soñar cada noche. Era la magia del invierno. Había escuchado historias de que en invierno caía nieve y que todo el reino se cubría de un manto blanco. Y en ese manto blanco, habían figuras que cobraban vida y jugaban en el jardín.
La princesa Luna había preguntado innumerables veces a sus padres, el rey y la reina, sobre la magia del invierno, pero ellos le decían que era solo un cuento inventado por los abuelos del pueblo. Pero la princesa Luna nunca les creyó.
Un día, la princesa Luna decidió ir al bosque del reino a investigar por sí misma si la magia del invierno era real. Caminó por mucho tiempo, hasta que llegó a una cueva. Se adentró en ella y encontró a una anciana sentada frente a una hoguera.
La anciana le preguntó qué buscaba, y Luna le contó sobre su anhelo de ver la magia del invierno. La anciana sonrió y le dijo que ella podría concederle ese deseo. Pero que debía tener cuidado, porque la magia del invierno era algo que solo unos pocos podían ver.
La anciana le entregó a Luna una pequeña varita de cristal y le explicó que debía apuntar a lo que quisiera ver. La princesa Luna agradeció a la anciana y salió corriendo hacia el reino.
Cuando llegó al castillo, todo parecía normal. La princesa apuntó su varita hacia el jardín del castillo y, de repente, comenzaron a caer copos de nieve. Pero no eran copos de nieve normales, eran copos de nieve mágicos que cobraron vida y comenzaron a jugar en el jardín.
La princesa Luna se emocionó mucho y corrió hacia el jardín para jugar con ellos. Era la primera vez que veía algo tan mágico e increíble. Los copos de nieve mágicos la llevaron hacia una rosaleda y ahí se encontró con un hada.
El hada le explicó que ella era la encargada de la magia del invierno y que había aparecido porque alguien había revivido esa magia. La princesa Luna le contó lo que le había pasado y el hada le sonrió y le pidió un favor.
Le dijo que si quería seguir viendo la magia del invierno, tendría que cuidar de los copos de nieve mágicos. Que tenía que ser muy cuidadosa y no aplastarlos, porque si lo hacía, la magia del invierno desaparecería de nuevo.
La princesa Luna prometió cuidarlos y el hada le entregó un collar de nieve mágica para que pudiera ver a los copos de nieve aunque no estuvieran en el jardín.
Desde ese día, la princesa Luna se encargó de cuidar a los copos de nieve mágicos. Los llevaba al jardín y les daba de comer con la flor de la nieve, para que crecieran fuertes y sanos. Y, a cambio, ellos la llevaban a ver lugares mágicos del reino que ella nunca antes había visto.
La princesa Luna aprendió mucho de los copos de nieve mágicos. Aprendió a valorar la amistad y a cuidar de aquellos que necesitan ayuda. Incluso empezó a jugar en la nieve y a hacer muñecos de nieve con ellos.
Pero un día, el reino fue amenazado por un invierno eterno. Los copos de nieve mágicos comenzaron a perder vida y a desaparecer. La princesa Luna no sabía qué hacer, pero sabía que tenía que hacer algo para salvarlos.
Entonces, recordó las palabras de la anciana que le entregó la varita. La princesa Luna apuntó su varita hacia el cielo y pidió que retiraran el invierno eterno. Y la varita comenzó a brillar y, de repente, el sol apareció en el cielo. La nieve comenzó a derretirse y los copos de nieve mágicos comenzaron a recuperarse.
Los días pasaron y la magia del invierno volvió a su normalidad. Los copos de nieve mágicos se recuperaron gracias al cuidado de la princesa Luna y ella aprendió que siempre hay esperanza, aunque parezca que todo está perdido.
Desde ese día, la princesa Luna y los copos de nieve mágicos se convirtieron en amigos inseparables y la magia del invierno nunca volvió a desaparecer del reino. La princesa Luna hizo un gran descubrimiento gracias a su valentía y su perseverancia. Y desde entonces, cada vez que la nieve caía en el reino, recordaba que nada es imposible si se cree con el corazón.