La Sirena de la Ciudad de la Luz. Érase una vez, en un reino muy lejano, en el fondo del mar, vivía una maravillosa sirena llamada Sofia. Ella era la guardiana de la Ciudad de la Luz, un lugar mágico donde todas las criaturas del mar se reunían para celebrar y compartir sus historias y sabiduría.
Todos los días, la sirena Sofia recorría los jardines y las plazas de la ciudad, saludando a los habitantes del mar con su sonrisa amable y su hermosa voz. Las almejas, los caracoles y los cangrejos se acercaban a ella para pedirle consejo sobre cómo vivir mejor en el mar.
Un día, mientras la sirena Sofia paseaba por el jardín de las conchas, encontró a un pequeño pulpo llorando desconsoladamente. «¿Qué te pasa, pequeño amigo?» preguntó ella.
«Se ha perdido mi mejor amigo, un pececito dorado llamado Marco. Lo buscamos por todas partes, pero no lo encontramos», respondió el pulpo mientras secaba sus lágrimas.
La sirena Sofia se sintió triste al ver al pulpo así y decidió ayudarlo a encontrar a su amigo. Mientras nadaban juntos, la sirena Sofia preguntó al pulpo dónde había visto a Marco por última vez. El pulpo señaló hacia una cueva oscura en la roca y dijo que habían estado explorando allí cuando Marco desapareció.
La sirena Sofia se metió en la cueva, que estaba llena de algas y corales. Después de mucho buscar, vio un pequeño pez dorado atrapado en una red. Sin pensarlo dos veces, lo liberó y lo llevó de vuelta al pulpo.
Al ver al pequeño Marco sano y salvo, el pulpo saltó de alegría y abrazó a la sirena Sofia agradeciéndole por su ayuda. La sirena Sofia se sintió feliz por haber hecho un buen acto y por haber salvado a un amigo de una situación difícil.
Desde aquel día, el pulpo y el pez dorado se convirtieron en los amigos inseparables de la sirena Sofia, y juntos nadaban por la Ciudad de la Luz compartiendo sus aventuras y aprendiendo nuevas cosas sobre la vida en el mar.
La sirena Sofia había descubierto que uno nunca sabe cuándo puede necesitar ayuda, y que siempre es importante estar dispuesto a ayudar a los demás. Había aprendido que la amistad y el amor son los mejores regalos que se pueden dar en la vida.
Los habitantes del mar de la Ciudad de la Luz también se dieron cuenta de lo valiosa que era la sirena Sofia para su comunidad, y decidieron construirle una hermosa estatua en el centro de la ciudad. La estatua de la sirena Sofia se convirtió en un símbolo de amistad, amor y ayuda para todos los habitantes del mar.
Cada noche, cuando la luna brillaba en el mar, la sirena Sofia se sentaba en lo alto de su estatua y cantaba hermosas canciones que llegaban a todos los rincones de la Ciudad de la Luz. Los habitantes del mar se reunían alrededor de la estatua y escuchaban con atención sus historias de aventuras y amistad.
Así, la sirena Sofia se convirtió en la guardiana de la Ciudad de la Luz, un lugar donde todos los habitantes del mar se sentían seguros y amados y donde la amistad y el amor florecían día tras día.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.