La Sirena de la Ciudad del Encanto

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La Sirena de la Ciudad del Encanto
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La Sirena de la Ciudad del Encanto. Érase una vez, en una ciudad encantadora, donde el mar y la tierra se fundían en una armonía perfecta, había una hermosa sirena llamada Marina. Ella vivía en el fondo del mar, rodeada de coloridos corales y peces de todo tipo. A pesar de la belleza del océano, Marina siempre se había sentido atraída por la ciudad encima del agua.

Un día, mientras nadaba hacia la superficie, pudo ver la ciudad brillando como una joya en el horizonte. Se sentía intrigada por los edificios altos y las luces brillantes. Marina se había preguntado por mucho tiempo cómo sería vivir en la ciudad y experimentar el mundo de los humanos. Sin embargo, la idea le parecía imposible de lograr debido a la barrera natural que separaba el mar de la ciudad.

Una noche, mientras las estrellas brillaban en el cielo y la luna reflectaba su resplandor en el agua, Marina escuchó música proveniente desde el puerto. Era una canción movida y feliz que hacía que las olas murmurantes se movieran al ritmo de la música. Marina se acercó sigilosamente a la superficie del agua para escuchar mejor. El ritmo le recordó la música que tocaban en el fondo del mar, pero ésta era diferente, emocionante y misteriosa.

De repente, la música se detuvo y un hombre comenzó a hablar. Marina pudo escuchar sus palabras con claridad a través del agua. «¡Bienvenidos a la ciudad del encanto! Hoy, celebramos nuestro Festival de los Deseos. Todos los sueños que se piden esta noche se harán realidad. ¡Así que pide un deseo y haz que se cumpla!».

Marina sintió su corazón llenarse de emoción. Finalmente, tendría una oportunidad de cumplir su mayor deseo; caminar por la superficie de la tierra, ser parte de la ciudad y conocer a los humanos. Con determinación, Marina hizo su deseo con todas sus fuerzas: «Quiero ser una humana, aunque sea por un día, y ser parte del Festival de los Deseos».

De repente, una luz mágica iluminó el agua y un remolino de colores la envolvió. Marina se sintió transportada a la superficie, y cuando emergió del agua, estaba sorprendida de lo que vio. Tenía piernas. Era un ser humano. ¡Había sido transformada!

Marina caminó lentamente hacia la ciudad, disfrutando de la sensación de la brisa fría en su rostro y lo suave que era la hierba verde bajo sus pies. Mientras se acercaba a la ciudad, se sorprendió al ver cuántas personas habían salido a la calle. Era la noche más importante del año, el Festival de los Deseos.

Dentro de la multitud, Marina se adentró para disfrutar de la magia del evento que celebraban los humanos. Las calles estaban decoradas con hermosas luces, la música era animada y hay cafés y puestos de comida que ofrecían pasteles y jugos deliciosos. La gente cantaba, bailaba y se abrazaban mientras hacían sus deseos. Cuando llegó al puerto, Marina se asombró con lo que vio. Había un espectáculo impresionante de fuegos artificiales lanzados desde los barcos en el puerto. Fuegos artificiales que explotaban con un estruendo mientras la gente se emocionaba.

Justo en ese momento, Marina vio a una niña pequeña y triste de quien había notado en el crepúsculo la cara de desánimo. Marina se acercó a la pequeña y le preguntó si pasaba algo malo. «No tengo dinero para pedir un deseo en el Festival,» contestó la niña, «y ya era mi anhelo más grande». Marina sintió una corriente eléctrica por su corazón. ¿No debe una sirena siempre ayudar a quienes lo necesita? Entonces, Marina decidió ayudarla.

«Te ayudaré a hacer tu deseo realidad,» le dijo Marina, y llevó a la niña al borde del camión de los deseos. Bajando su mano hacia los cielos, Marina pidió un deseo para la niña. «Por favor, haz que su deseo se cumpla,» susurró Marina. De repente, una lluvia de corazones rosas se precipitó desde el cielo y comenzaron a cubrir lo que la niña había escogido pedir. Los corazones eran tan hermosos que la niña no podía dejar de sonreír y admirarlos.

La niña se abrazó a Marina, sintiendo eternamente agradecida por su ayuda. Y mientras estaban abrazadas, Marina sintió otra corriente eléctrica que la recorrió hasta lo más profundo de su ser. Pidió su último deseo; volver a ser la misma sirena de antes.

Nuevamente, una luz mágica la envolvió y volvió a ser una sirena. Se sumergió en el agua y se dejó llevar por la corriente. Sintió la libertad de volver a su hogar bajo el mar y la felicidad de haber ayudado a la pequeña a cumplir su deseo. Desde entonces, cada año, Marina participa en el Festival de los Deseos, no como una humana, sino como una hermosa sirena, esperando ayudar los deseos de los demás, y volver a sentir la sensación de satisfacción y felicidad al ser de ayuda para quienes necesitan apoyo.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
La Sirena de la Ciudad del Encanto
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