La Sirena del Mar de la Alegría. Érase una vez en un mar muy lejano, una hermosa sirena llamada Marina. La Sirena del Mar de la Alegría, como la llamaban sus amigos, era conocida en todo el océano por su sonrisa chispeante. Marina amaba nadar por los arrecifes de coral y jugar con los otros habitantes del mar, pero lo que ella más deseaba era hacer amigos humanos.
Cada noche, cuando la luna brillaba en el cielo, Marina emergía del agua y se sentaba en una roca para contemplar el mundo de los humanos. Admiraba cómo las personas disfrutaban de su día a día, caminando por la playa y jugando en la arena. Marina soñaba con ser una de ellas, creyendo que podrían ser amigos y pasar momentos juntos.
Una tarde, mientras nadaba entre las rocas del arrecife, escuchó una melodía lejana que provenía de la costa. Con curiosidad, decidió acercarse para ver quién la producía. Al llegar a la orilla, encontró un pequeño grupo de niños tocando instrumentos y cantando en coro.
Marina se acercó tímidamente, escondiéndose detrás de las rocas y observándolos desde lejos. Los niños, por su lado, nunca habían visto una sirena antes y se quedaron asombrados al ver a Marina. Sin embargo, no tuvieron miedo y la invitaban a acercarse, diciéndole que era muy hermosa y que tocara con ellos.
Marina no podía creer que los humanos no la temieran. Decidió acercarse valientemente y unirse a ellos, tocando su voz melodiosa a través de sus aletas. Los niños habían quedado impresionados y, de repente, comenzaron a sonreír y a aplaudir. Marina sintió cómo su corazón latía de alegría porque había encontrado su propio conjunto de amigos.
Durante las siguientes semanas, Marina se encontraba con los niños todas las noches en la playa y tocaba la canción de alegría que había aprendido de ellos. Los niños, por su parte, le enseñaron juegos en la arena y trucos para que las olas no la atraparan mientras estaba en la orilla. Juntos, creaban sus propias aventuras y se reían a carcajadas.
Un día, Marina les preguntó a los niños si les gustaría viajar con ella bajo el mar, para ver todos los tesoros que se encontraban en el fondo del mar. Los niños estaban encantados y prometieron ir con ella a la mañana siguiente.
Luego de una noche emocionante, Marina esperó ansiosa por los niños al amanecer. Pero se encontró con la sorpresa de que, ninguno de ellos apareció. Marina se preocupó y decidió ir a la playa a buscarlos. Al llegar, escuchó a una mujer hablando con unos oficiales, diciendo que los niños se habían ahogado en el mar.
Marina lloró mucho, sintiendo que su corazón se rompía en mil pedazos. Cuando el sol bajó del cielo, Marina decidió llevar los cuerpos a un lugar seguro en el fondo del mar, donde ella sin lágrimas finalmente pudiese despedirse de ellos.
Esa noche, Marina se sumergió en la oscuridad del mar y se dirigió a la tumba de coral más grande que había encontrado. Luego, colocó los cuerpos de los niños en la arena y comenzó a cantar.
Cantó con fuerza y tristeza, cantó con la intención de transmitir todo el amor y alegría que había experimentado con ellos. Marina se quedó allí, cantando durante tanto tiempo que el sol volvió a asomar en el horizonte.
En ese momento, Marina sintió una corriente envolvente a su alrededor. Pensó que era el abrazo de sus amigos humanos, sin embargo, al levantar la vista se encontró con una luz cegadora. La luz era tan chispeante y brillante que podía ver todo lo que había debajo del agua. Peces, corales, e incluso su propia cola brillaban como diamantes.
La música sonó encantadora alrededor de ella, como una orquesta invisible tocando su celebración. Los rayos del sol estimularon de tal manera los sentimientos de Marina que, en poco tiempo, sintió una poderosa emoción de felicidad pura.
Finalmente, Marina había encontrado el significado de la verdadera alegría.
Desde ese día, Marina pasaba su tiempo compartiendo la alegría del mar con todos sus amigos. Como un faro de esperanza, toda la Marejada era un rayo de luz y un torrente de felicidad siempre a su alrededor.
Y todos los niños que habían perdido su vida, volvieron a aparecer durante un instante, iluminando la vida de Marina con su luz dorada.
Érase una vez… una sirena con una luz dentro de ella que nunca se extinguía.