La venganza de la tripulación caída. Érase una vez en alta mar, una tripulación de piratas que navegaba en busca de un tesoro escondido. Habían pasado meses desde que partieron del puerto, enfrentando tormentas, batallas y enfermedades. Pero, a pesar de todo, seguían siendo el más temido y respetado grupo de ladrones en el océano.
El capitán, un hombre llamado Barbanegra, era conocido por su astucia y crueldad en las batallas. Siempre llevaba consigo una espada afilada y una pistola de pólvora, y no dudaba en usarlas contra aquellos que se interponían en su camino. Pero, incluso con su reputación, uno de los suyos decidió traicionarle.
El segundo al mando, un hombre llamado Black, estaba envidioso del poder de Barbanegra y planeó un motín. Consiguió la lealtad de la mayoría de la tripulación y, en una noche oscura, asaltaron la cabina del capitán. Barbanegra luchó valientemente, pero fue superado por la fuerza numérica y traicionera de sus hombres. Fue arrojado por la borda y, con él, todo lo que significaba su liderazgo.
La tripulación se regocijó en su nueva victoria y empezaron a planificar su saqueo en la ciudad más cercana. Pero no se dieron cuenta del remordimiento que los invadió como una espesa niebla. Habían asesinado a su líder y amigo sin alguna segunda oportunidad, sin juicio justo. Esas acciones tendrían consecuencias, y no serían fáciles de afrontar. Los tripulantes se miraron asustados y ansiosos, sabiendo que debían enfrentar el acto que habían cometido.
Como si fuera ayer, recordaban las palabras de Barbanegra antes de ser arrojado al mar: «Si eu vós un día, mi tripulación, me traiciona, recordarán que la venganza vendrá por el mar. No podrán escapar de su destino». Fueron momentos tensos entre ellos, no sabiendo que hacer, pero Black había tomado el mando y había que seguir su orden. Se dirigieron al puerto para saquear la ciudad como habían planeado.
Pero algo estaba diferente. La ciudad estaba resguardada por una fuerte barrera de madera y ladrillos, algo que jamás habían visto antes. Los habitantes estaban preparados para su llegada, y antes de que pudieran siquiera desembarcar, el puerto estaba completamente rodeado. Los refuerzos locales bloquearon todas las salidas y la única forma de salir era hundiendo el barco y escapando a nado.
No tuvieron más opción que enfrentar su error y aceptar las consecuencias. Así, juntos, concordaron que la venganza de Barbanegra había llegado como una terrible profecía y que era justo recibir todo el peso de la ley. Hubo un momento de silencio y reflexión, cada uno sabía lo que había hecho y las consecuencias que les tocó pagar.
Pero antes de que pudieran siquiera mojar un pie en tierra, la noche se llenó de explosiones y humo. El escenario era caótico. El enemigo estaba de regreso, pero ya no era la tripulación que ellos habían dejado atrás. Sus ojos eran tan rojos como la lava y sus armas estaban incendiadas. Las balas golpeaban los muros y los maderos, mientras los gritos de Black y los demás mascaban para que el enemigo parara.
Finalmente habían descubierto lo que Barbanegra había dejado como su venganza. Lanzaron sus cuerpos sin vida durante la batalla. Para ellos, había sido una forma de asegurarse de que su tripulación nunca disfrutara del tesoro final, y estaban dispuestos a dejar todo en el camino para lograrlo. Pero los piratas ya no estaban más, sus almas habían sido arrancadas como un raíz seca. Se desvanecieron en la noche, dejando atrás una oscuridad y una locura que nunca se había visto en esa parte del mundo.
La tripulación que les había traicionado, como una segunda oportunidad, al final eran víctimas de su avaricia y envidia. Se preguntaban el porqué de sus decisiones atravesando tormentas, batallas, y enfermedades, sólo para encontrar su triste destino en aquella noche.
Así, la leyenda hablaba que aquellos que navegaran en esa parte del océano debían tener cuidado, porque la tripulación caída de Barbanegra todavía vagaba por ahí, esperando volver a cobrar venganza sobre los vivos. La noche era suya, y los navíos cercanos jamás estaban seguros.
Y así, los años pasaron y las historias se convirtieron en leyendas. Pero el océano nunca olvida y la tripulación de Barbanegra todavía vaga sus costas, esperando su siguiente víctima. Porque como toda justicia, la venganza de Barbanegra no distingue entre inocentes y culpables, sólo sabe que su marca debe ser grabada en cada aliento que persista en aquel lugar.