Los Lobeznos y el Pueblo de los Duendes

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Los Lobeznos y el Pueblo de los Duendes
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Los Lobeznos y el Pueblo de los Duendes. Érase una vez, en un bosque mágico, habitaban dos manadas de lobeznos. La de los grises y la de los negros. A pesar de las diferencias entre ambos, siempre habían vivido en paz y armonía. Pero un día, los lobeznos grises encontraron un objeto extraño. Era una llave dorada con una inscripción en un idioma desconocido. Los lobeznos grises no sabían qué hacer con ella, así que decidieron ir al pueblo de los duendes para que les ayudara a descifrarla.

Cuando llegaron al pueblo de los duendes, fueron recibidos por un viejo sabio llamado Elrond. Después de examinar la llave, le dijo a los lobeznos grises que abría un cofre que se encontraba en lo alto de una montaña en las tierras del norte. También les advirtió que el cofre contenía un gran poder y que debían ser cuidadosos con él.

Sin vacilar, los lobeznos grises partieron hacia el norte en busca del cofre. Después de una larga caminata, llegaron a la montaña y comenzaron a escalarla. Fue una tarea difícil, pero finalmente llegaron a la cima y encontraron el cofre. Con cuidado, abrieron la llave y lo abrieron.

Dentro del cofre, encontraron un cetro mágico. Los lobeznos grises, emocionados, lo tomaron en sus garras, pero inmediatamente se sintieron abrumados por su poder. No sabían controlarlo y pronto comenzaron a causar estragos, lanzando bolas de fuego y hielo alrededor de ellos.

Los lobeznos grises pronto se dieron cuenta de que habían cometido un gran error al tomar el cetro. Corrieron hacia el pueblo de los duendes en busca de ayuda. Cuando llegaron, Elrond y los duendes estaban ocupados apagando los incendios que habían causado. Los lobeznos grises les devolvieron el cetro y les pidieron perdón.

Elrond y los duendes sabían que no podían permitir que el poder del cetro cayera en manos equivocadas. Decidieron que lo guardarían en un lugar seguro en las tierras sagradas del este, donde nunca sería encontrado por nadie.

Agradecidos por la ayuda de los duendes, los lobeznos grises se unieron a ellos en una gran celebración para mostrar su gratitud. La paz y la armonía volvieron al bosque mágico.

Sin embargo, la manada de lobeznos negros no estaba contenta de que los lobeznos grises hubieran obtenido el cetro y se sintieron resentidos y celosos. Entonces, decidieron robarlo para tener el mismo poder que sus contrapartes.

Una noche, mientras todos dormían, la manada de lobeznos negros entró secretamente en el pueblo de los duendes y robó el cetro. Cuando los duendes se dieron cuenta de que había sido robado, informaron a los lobeznos grises y juntos comenzaron la búsqueda del cofre.

Después de una ardua búsqueda, los lobeznos grises y los duendes encontraron a los lobeznos negros en una caverna subterránea. Se produjo una gran lucha y los lobeznos grises lograron recuperar el cetro. Pero los lobeznos negros no se rindieron tan fácilmente y juraron venganza.

La manada de lobeznos negros comenzó a conspirar sobre formas de recuperar el cetro. Decidieron que la mejor forma era atacar el pueblo de los duendes durante la noche. Sin embargo, Los lobeznos grises habían sido informados de sus planes y se prepararon para defender el pueblo.

La noche en que los lobeznos negros atacaron, la manada de lobeznos grises estaba esperando. Se produjo una intensa lucha, pero finalmente, los lobeznos grises prevalecieron gracias a su coraje y determinación. Los lobeznos negros huyeron, pero no antes de sufrir algunas heridas.

Después de la lucha, los lobeznos grises y los duendes se dieron cuenta de que la manada de lobeznos negros había sido influenciada por la codicia y la envidia. Juntos, juraron trabajar para siempre juntos para preservar la paz y la armonía en el bosque mágico.

Por fin, los lobeznos grises y los duendes unieron fuerzas para controlar el poder del cetro, y lo usaron para ayudar a los necesitados en el bosque mágico. Se convirtieron en guardianes del bosque y se aseguraron de que la paz y la armonía nunca volvieran a ser perturbadas por la codicia y la envidia.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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