Los regalos de Santa Claus. Érase una vez,
en un pequeño pueblo rodeado de montañas nevadas, la navidad se acercaba. Todos los niños estaban emocionados por la llegada de Santa Claus y los regalos que les traería. La nieve cubría el pueblo con un manto blanco y la gente se preparaba para celebrar la Navidad.
En una pequeña casa en el centro del pueblo, vivía un niño llamado Tomás. Él estaba muy emocionado por la llegada de Santa Claus y no podía esperar para abrir sus regalos. Pero a diferencia de los otros niños, Tomás no quería muchos regalos, solo uno que había deseado desde hace mucho tiempo.
Tomás siempre había soñado con tener un tren de juguete. Le encantaba ver los trenes en las películas y siempre deseaba tener uno propio. Pero su familia no tenía suficiente dinero para comprar uno nuevo y Tomás sabía que no era justo pedirles que gastaran tanto dinero en un solo juguete. Así que, se conformaba con mirar los trenes de juguete en las tiendas, pero nunca había tenido uno.
La noche de Navidad llegó, y Tomás estaba muy emocionado. Esperaba que Santa Claus le trajera el tren de juguete que tanto había deseado. Pero cuando abrió sus regalos, no encontró ningún tren de juguete. En su lugar, había una camisa, una bufanda y algunos libros. Tomás fingió estar contento, pero en su corazón estaba un poco triste.
Después de la cena de Navidad, Tomás se acostó en su cama, pero no podía dormir. Pensaba en el tren de juguete que nunca tendría y en cómo podría haber sido si su familia pudiera permitírselo. De repente, escuchó un sonido en la chimenea. Se levantó de la cama y se acercó a la chimenea para ver qué era.
Para su sorpresa, Santa Claus estaba en la sala de estar, con su traje rojo y su barba blanca. Tomás estaba sorprendido, nunca había visto a Santa Claus en persona antes. Pero también estaba un poco asustado, no sabía qué estaba pasando.
«¿Qué estás haciendo aquí, Santa Claus?» preguntó Tomás.
«Vine a entregarte un regalo muy especial, Tomás», respondió Santa Claus.
Tomás se acercó a Santa Claus, quien sacó una caja envuelta en papel de regalo de su bolsa de regalos.
«Este regalo es para ti, Tomás», dijo Santa Claus, mientras le entregaba la caja envuelta.
Tomás abrió la caja y, para su sorpresa, había un tren de juguete adentro. Era exactamente el tren de juguete que siempre había querido. No podía creer lo que estaba viendo. Miró a Santa Claus, pero no estaba seguro de qué decir.
«¿Cómo sabías que quería un tren de juguete, Santa Claus?», preguntó Tomás.
«Siempre estoy al tanto de los deseos de los niños, Tomás. Y cuando vi que querías un tren de juguete, hice todo lo posible para traerte uno», respondió Santa Claus.
Tomás estaba tan feliz que no podía dejar de sonreír. Se subió al tren de juguete y lo hizo correr
por toda la sala de estar, como si fuera un tren de verdad. Santa Claus se sentó en una silla cercana y observó la felicidad en el rostro de Tomás. Era exactamente por eso que hacía su trabajo.
«¿Puedo preguntarte algo, Santa Claus?» preguntó Tomás.
«Por supuesto, Tomás», respondió Santa Claus.
«¿Cómo haces para llevar los regalos a todos los niños del mundo en una sola noche?» preguntó Tomás con asombro.
«Es un secreto mágico, Tomás», respondió Santa Claus con una sonrisa.
Tomás se sentó junto a Santa Claus y le preguntó sobre la vida en el Polo Norte y cómo trabajaban los elfos. Santa Claus le contó historias de su vida en el Polo Norte y de cómo trabajaban los elfos para hacer todos los juguetes para los niños del mundo.
Después de un rato, Santa Claus se levantó de la silla y dijo: «Debo irme, Tomás. Tengo que entregar regalos a otros niños que esperan ansiosamente mi visita».
«Gracias por el tren de juguete, Santa Claus», dijo Tomás, mientras lo acompañaba a la puerta.
«De nada, Tomás. Espero que disfrutes tu regalo», respondió Santa Claus, mientras se desvanecía en la oscuridad de la noche.
Tomás volvió a su habitación con el tren de juguete en la mano. Se acostó en la cama y observó el tren durante un rato antes de dormirse. Sabía que nunca olvidaría la noche en la que Santa Claus le había visitado y le había entregado su regalo.
A la mañana siguiente, Tomás se despertó temprano y corrió hacia la sala de estar para jugar con su tren de juguete. Pero cuando llegó allí, descubrió algo que lo dejó sin palabras. En la chimenea había una nota de Santa Claus que decía: «Gracias por ser un niño tan bueno, Tomás. Espero verte el próximo año».
Tomás sonrió al leer la nota de Santa Claus. Sabía que había sido una noche mágica y que nunca olvidaría los regalos que Santa Claus le había entregado. Y desde ese día en adelante, el tren de juguete se convirtió en su juguete favorito, y lo cuidó como si fuera un tesoro.
Y así, la navidad en el pequeño pueblo rodeado de montañas nevadas se convirtió en una noche de magia y alegría, gracias a los regalos de Santa Claus. Tomás nunca olvidaría esa noche mágica y la visita de Santa Claus. Era un recuerdo que llevaría consigo para siempre.