Papá Noel y el Guardián de los Deseos. Érase una vez un pequeño pueblo llamado Esperanza en el que vivía un hombre llamado Francisco. Francisco era conocido por todos en el pueblo por ser amable y generoso. Siempre ayudaba a quien lo necesitaba y su corazón rebosaba de amor por los demás.
Un día, Francisco decidió enviar una carta a Papá Noel pidiendo un regalo para todos sus vecinos y amigos. La carta decía así:
«Querido Papá Noel,
Soy Francisco, un hombre de corazón amable y generoso, vivo en un pequeño pueblo llamado Esperanza. Hoy te escribo para pedirte un regalo muy especial. Me gustaría que pudieras llevar alegría a todos los que viven en este pueblo y hacerles sentir especiales en esta Navidad.
Te pido que les regales una sonrisa, un abrazo, un poco de amor y paz. Quiero que todos vean lo que significa tener un espíritu navideño, que comprendan la importancia de dar y recibir amor.
Gracias por todo lo que haces, Papá Noel.
Atentamente,
Francisco»
La carta llegó a manos del Guardián de los Deseos, quien la leyó con atención y decidió conceder el deseo de Francisco. Sin embargo, el Guardián de los Deseos se dio cuenta de que para conseguir el regalo que Francisco había pedido necesitaría la ayuda de Papá Noel.
Así que el Guardián de los Deseos se dirigió hacia el Polo Norte para hablar con Papá Noel. Cuando llegó, lo encontró ocupado en su taller haciendo juguetes para los niños en su lista de Navidad.
-«Hola Papá Noel, soy el Guardián de los Deseos y necesito hablar contigo sobre Francisco, un hombre muy especial que vive en un pueblo llamado Esperanza. Él ha pedido un regalo muy especial para sus vecinos y amigos, y necesita tu ayuda para concederlo.- dijo el Guardián de los Deseos.
Papá Noel escuchó atentamente y después de unos minutos, respondió:
-«Estoy muy ocupado con los juguetes para los niños, pero nunca me negaré a una buena causa. Necesitaremos la ayuda de los elfos y renos para preparar los regalos y luego ir a Esperanza para entregárselos».
El Guardián de los Deseos y Papá Noel trabajaron juntos toda la noche para preparar los regalos para el pueblo de Esperanza. Los elfos hicieron juguetes para los niños y renos decoraron las calles del pueblo con luces y guirnaldas.
Finalmente, el gran día llegó y Papá Noel y el Guardián de los Deseos llegaron a Esperanza. La gente del pueblo se sorprendió al ver a los dos extraños tan bien vestidos y con sacos llenos de regalos.
Papá Noel y el Guardián de los Deseos comenzaron a repartir los regalos, una sonrisa, un abrazo y un poco de amor y paz a cada persona del pueblo, tal como Francisco había pedido. Los niños recibieron los juguetes con mucho entusiasmo y los adultos se emocionaron al sentir la amabilidad y generosidad de Papá Noel y el Guardián de los Deseos.
Francisco estaba mirando desde lejos y se sorprendió al ver a Papá Noel y el Guardián de los Deseos. Se acercó a ellos y les preguntó por qué estaban en su pueblo.
Papá Noel sonrió y le explicó a Francisco que su carta había sido recibida por el Guardián de los Deseos y que juntos habían decidido cumplir su petición.
Francisco estaba emocionado y no podía creer lo que veía delante de sus ojos. La gente de Esperanza estaba feliz y nadie parecía triste o enojado.
Papá Noel y el Guardián de los Deseos se quedaron en el pueblo hasta altas horas de la noche compartiendo momentos de felicidad y alegría con los vecinos. Después, se despidieron con un abrazo y subieron a su trineo para volar de regreso al Polo Norte.
-«Gracias por hacer que esta Navidad sea tan especial», dijo Francisco mientras se despedía de Papá Noel y el Guardián de los Deseos.
-«La verdadera alegría de la Navidad es dar y recibir amor», respondió Papá Noel.
Papá Noel y el Guardián de los Deseos volaron hacia el Polo Norte, felices de haber hecho revivir la ilusión de la Navidad en el pequeño pueblo de Esperanza. Y es que no hay mayor regalo que el amor y la generosidad que a veces parecen olvidados en esta época del año.